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Una de las primeras construcciones en hormigón

Tema: VIVIENDAS DE HORMIGON
EL PANTEÓN ROMANO
Autor:
Fecha Publicación: 30/09/2009

Una proeza de la ingeniería y una de las obras más importantes de la antigüedad que aún se mantiene en pie.

El origen de la construcción en hormigón se remonta a la Edad Antigua, con el descubrimiento y desarrollo de un material constructivo mineral (similar al hormigón) que fraguaba o se endurecía hidráulicamente. Aunque por aquel entonces la tecnología constructiva era muy diferente a la actual con respecto al hormigón, las reacciones fisicoquímicas durante el fraguado de los materiales eran idénticas en su esencia. Además del uso de madera, arcilla y grava, la construcción con un material plástico que fraguaba en moldes para formar una masa sólida y monolítica ya era reconocida por los constructores de la época como un sistema sumamente beneficioso.

Si bien no se puede establecer con exactitud una fecha, según conocimientos e investigaciones actuales estos primeros aglomerantes hidráulicos se componían de una mezcla de cal y puzolana (polvo natural de silicio volcánico). Los constructores romanos sabían que si mezclaban esos elementos con agua lograban formar una piedra artificial cuando la mezcla se endurecía. La denominaban opus caementitium, y se extendió muy rápidamente debido a que era un material duradero, fácil de producir y su materia prima era acequible.

Paradigma constructivo

Una de las obras de hormigón más conocidas de la Edad Antigua es el Panteón de Agripa, en Roma. La construcción de la cúpula semiesférica, con un diámetro interior de más de 43 metros, marca el punto de inflexión en la evolución de la arquitectura y de la ingeniería. Podría decirse que es una proeza de la ingeniería estructural diseñada y construida con una gran creatividad y experiencia en cuanto a detalles, procedimientos y materiales constructivos.

La cúpula está realizada con una mezcla de hormigón ligero pensada para reducir el peso propio de la estructura. El vasto conocimiento sobre el hormigón fue lo que posibilitó proyectar este edificio único. Con el predominio del imperio romano en Europa este método se fue extendiendo a otras partes del continente. Todavía hoy pueden encontrarse ejemplos de obras con opus caementitium en casi todos los asentamientos romanos. Aunque en algunos ya no existen esas construcciones porque las materias primas, como la cal y las tierras hidráulicamente activas, no estaban presentes en todos los lugares.

El templo de agripa

Concebido como un templo romano destinado a varias divinidades, especialmente a Venus y a Marte, el Panteón fue construido por mandato del cónsul Agripa en el año 27 A.C. En el año 126, en épocas de Adriano, se decidió su reconstrucción después de haber sufrido varios incendios. Esta segunda intervención se le atribuye al arquitecto Apolodoro de Damasco. Considerado como uno de los edificios más importantes del mundo antiguo, el Panteón se conservó con bastante fidelidad a pesar de haber sido habilitado casi desde los inicios del Cristianismo como iglesia para el culto.

En las capillas interiores, donde antiguamente estaban las estatuas de los dioses a los que se adoraba en ese templo, hoy hay numerosas obras de arte, entre ellas tumbas de ilustres personajes de la historia y del arte romanos. Conserva todavía su pavimento antiguo de mármoles y restos de policromía sobre los relieves del pórtico. Pero lo más extraordinario del Panteón es el hecho de ser el primer edificio en el que aparece el concepto moderno de la arquitectura como “creadora de espacios interiores”.

Es la primera construcción de la Antigüedad en la que se pretendió crear una cáscara o cubierta sin tener en cuenta demasiado la volumetría exterior. Al contrario de la arquitectura griega, que creaba sus edificios para ser contemplados desde afuera, el Panteón creó un espacio interior donde los romanos adoraban a sus dioses aislándose del universo exterior porque el cosmos está bajo su cúpula. Las proporciones y la estructura del Panteón son representativas de la concepción religiosa de los romanos: la morada de todos los dioses y la centralización de la gran variedad de cultos que aparece como una síntesis del cielo y de la tierra. Por eso, el conjunto tiene una planta circular cerrada por una cúpula.

Tanto la altura del espacio interior de la cúpula como el diámetro de la pared circular de la planta son de 43,20 metros. En su estructura interior los romanos supieron conjugar armónicamente la tradicional arquitectura arquitrabada griega con las líneas abovedadas características de las obras romanas. A esta armonía corresponde la distribución de la pared dividida en dos partes: la inferior está compuesta por nichos redondos y rectangulares alternos y la superior decorada por delicadas incrustaciones de bronce (no existentes en la actualidad). La planta es una gran sala circular precedida de un cuerpo aporticado con una fachada de robustas columnas de pórfido rematado por un frontón.

La cúpula tiene en el centro una abertura redonda de 8,92 metros, único punto de iluminación del interior. Está construida con nervios y arcos de descarga elaborados en ladrillo y rellenos de hormigón que se apoyan en el muro circular de la base, a la cual se abren numerosas exedras y nichos, donde estaban colocadas las figuras de los dioses. Los casetones de la cúpula, antiguamente estucados, van reduciendo su tamaño a medida que avanzan hasta el centro, acentuando el efecto de la perspectiva.

En su exterior, la bóveda originariamente se cubría con tejas de bronce dorado, que durante el siglo VI fueron arrancadas para el aprovechamiento del metal. Igual ocurrió más tarde, cuando Bernini extrajo los bronces que adornaban el pórtico para construir el Baldaquino de San Pedro del Vaticano.