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El uso del hormigón en la construcción de viviendas de interés social

Tema: VIVIENDAS DE HORMIGON
Autor: Arq. Eduardo J. Sprovieri
Fecha Publicación: 30/05/2005

ANTECEDENTES

La tecnología aplicada a la construcción de viviendas, incluyendo las viviendas de interés social, ha progresado muy poco a través de la historia, comparada con la tecnología aplicada a otras ciencias o especialidades. A pesar de los esfuerzos realizados por técnicos, profesionales, empresarios, industriales y entidades gubernamentales, en especial después de la segunda guerra mundial, el desarrollo de nuevos materiales y técnicas para la construcción de viviendas ha sido prácticamente nulo o escaso.

Luego de numerosas experiencias, reuniones y congresos, los especialistas en este tema han coincidido en aceptar, mayoritariamente, que el mejor aporte tecnológico para la construcción de las viviendas se basa simplemente en la racionalización de las técnicas constructivas tradicionales. Valga como ejemplo el mencionar que en Alemania Federal, entre los años 1946 y 1962 se construyeron ocho millones de viviendas, es decir, un promedio de 500.000 viviendas anuales, oportunidad en la que el Ministerio Federal de la Vivienda patrocinó un programa con el fin de encontrar soluciones alternativas que pudieran servir de orientación general para la construcción de viviendas económicas. La recomendación final de este programa fue “la ejecución racional de las obras con métodos de construcción experimentados”.

EL HORMIGÓN ARMADO

El uso del acero durante los siglos XVIII y XIX y el descubrimiento del hormigón armado en la segunda mitas del s.XIX y su posterior desarrollo y perfeccionamiento durante todo el s. XX fueron los más importantes aportes que, luego de muchos siglos, la tecnología pudo brindar para las construcciones en general. Si bien el uso de aglomerantes reforzados con hierro se remonta a muchos siglos atrás, el año 1868 marca un hito importante en la historia del hormigón armado, cuando un jardinero apellidado Monnier empleó cemento con entramados de alambre como armazón para la construcción de depósitos.

El nuevo material no alcanzó un empleo en gran escala hasta 1890, en que el constructor Francisco Hennebique construyó su propia casa haciendo verdadero alarde de la nueva técnica, seguido por Anatolio de Baudot quién en 1894 construyó la primera iglesia con estructura de hormigón armado: Saint Jean de Montmartre, en París. En Chicago, en 1907, la firma Montgomery, Ward y Co terminó la construcción de un gran almacén de 243 metros de largo y 9 plantas de altura, todo construido en hormigón armado, cimientos, columnas, paredes y techos. Es durante los primeros años del siglo XX que recién se desarrolla la teoría y cálculo de las estructuras de hormigón armado, perfeccionándose su tecnología e incrementándose su difusión.

Hoy su uso está cada vez más extendido pues, a la par que se han profundizado los conocimientos sobre nuevas técnicas de cálculos estructurales y sobre la producción de cementos y aceros, la sumatoria de estos factores ofrece estructuras y edificios cada vez más confiables por su duración, su capacidad antisísmica y su resistencia al fuego, y más atractivos, estética y económicamente por lo que, consecuentemente, el hormigón armado es hoy considerado, incuestionablemente, como un material tradicional y largamente experimentado.

EL HORMIGÓN ARMADO EN LA VIVIENDA DE INTERÉS SOCIAL

 El uso del hormigón armado para la construcción de viviendas de interés social se difundió rápidamente en Europa y América del Sur, en virtud de las ventajas resultantes de la utilización del hormigón armado: fácil obtención de sus materiales componentes, menor requerimiento de mano de obra especializada, con la consiguiente reducción de los costos de construcción y, al mismo tiempo, la ejecución de viviendas de mejor calidad, mayor durabilidad y mejores características antisísmicas.

Para alcanzar dichos objetivos fue necesario resolver algunos problemas derivados del empleo del hormigón. El primero de ellos fue la necesidad de desarrollar moldes que fueran sencillos de montar y se conservaran con una larga vida útil, lo que dio origen a diferentes técnicas constructivas derivadas de los diversos sistemas de moldeo empleados, encofrados metálicos, de madera, o mixtos, sistema túnel y de mesas, todos ellos utilizados para el colado “in situ”, o los sistemas de mesas rebatibles, paneleras verticales, etc. para la prefabricación de paneles o componentes tridimensionales o simplemente de componentes accesorios de las viviendas.

No puede dejar de comentarse que en América del Norte el uso de paneles y componentes prefabricados de hormigón armado, obtenidos con distintos sistemas de premoldeados y con formas y texturas diferentes, no obstante no haber tenido mayor difusión en la edificación de viviendas, se ha difundido ampliamente en la construcción de edificios hospitalarios, comerciales, administrativos y gubernamentales. Otro importante problema que debió resolverse fue la escasa capacidad de aislamiento térmico que presenta el uso del hormigón en paredes de cerramiento externo de las viviendas. Es suficiente comparar el grado de aislación de una pared de hormigón armado con paredes de ladrillos comunes o de ladrillos huecos.

La baja capacidad aislante del hormigón armado se manifiesta elocuentemente cuando analizamos la posibilidad de obtener el mismo grado de aislación térmica con esos tres materiales, modificando solamente el espesor de la pared de hormigón: una pared de ladrillos comunes de 13 cm de espesor deberá ser reemplazada por una pared de hormigón armado de 23 cm de espesor, en tanto que una pared de ladrillos cerámicos huecos portantes de 18 cm de espesor deberá ser reemplazada por una pared de hormigón armado de 70 cm de espesor.

La aparición de nuevos materiales, como el poliestireno expandido, abrió las posibilidades de brindar una adecuada solución a este problema, al cual nos referiremos más adelante. La prefabricación, que no siempre ha resultado técnicamente exitosa, el alto costo de las plantas de prefabricación y el riesgo de una insegura amortización de las mismas por la falta de continuidad en la producción (situación típica en Argentina), el costoso transporte de pesadas piezas de importantes dimensiones, la necesidad de contar en obra con equipos pesados para el traslado y montaje de las mismas.